miércoles, enero 26, 2022
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Crónicas de un fiscal: Capítulo 2

Buenos Aires.- Luego de votar, regresé al colegio y Mariano me dejó en la cocina para que almuerce. El lugar es diminuto, apenas entran cuatro personas como mucho. Compartí espacio con el policía de servicio y dos gendarmes. Terminé un suculento sándwich de jamón y queso y me puse a matear con ambos. El otro gendarme sacó de la heladera un enorme asado del día anterior y lo metió en el horno. Ellos estaban desde el viernes acampando en el colegio para recibir las urnas.

Miré la ventana que da al patio y veo dos filas largas. Una de ellas pertenecía a la 192. Me preguntan cómo iba la votación en la mesa hasta el momento en que me fui. Cuando les conté que fue la peor de las PASO se acordaron enseguida y decían que había una mesa con demora. Con asombro pregunté si estaba aquella señora que volvió locos a todos los fiscales y puso de mal humor a más de uno.

Miré de vuelta la ventana y la fila se volvió corta. Eran pasadas las 12:30. Todo el mundo quería ver a Los Pumas después del periplo deportivo logrado. El asado ya se estaba  quemando más que cocinando; de los dos sándwich que le dieron a los fiscales me bastó solo uno y la ronda de mate seguía.

Mariano me llamaba para volver a fiscalizar. En la mesa retornó la fiscal de UNA y me senté en el lugar que había dejado. Pregunté si hubo anomalías, cambios de boletas (era lo que más me tenía preocupado), y afirmaban que no pasó nada extraño.

Por el partido había mermado la cantidad de votantes. Antes de las 15 aparecieron varios hombres a votar, se notó que el partido había finalizado. A las 16 empezaban a llegar a cuentagotas y en los conteos estábamos en 350 sufragantes. También votó una mujer que agregamos a nuestro padrón ya que si no figuraba en el padrón de la entrada, ni en el de fiscales, el único válido era el de presidente. La gente que iba a votar a la 192 estaba muy contenta después de haber sufrido la tortura de las PASO.

Faltaban pocos minutos para las seis. Contábamos las horas y los minutos, nadie más se acercaba a nuestra mesa. Habían tocado la campana y un estruendoso aplauso en el colegio anunció que terminó el comicio.

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