14.2 C
Buenos Aires
12 agosto, 2022 12:34pm

El fantasma del algoritmo

Casi nada sucede en el mundo sin un algoritmo. Es un fantasma que todo lo atraviesa y regula, desde cómo cocinar una torta hasta cómo usamos el lavarropas. Pero hoy esta es una palabra que nos deja con una rara sensación de temor porque nos resulta muy abstracta o porque la asociamos con ese “control” que creemos tiene nuestro celular o computadora sobre nosotros.

Pero, ¿qué son los algoritmos? ¿son buenos o malos? ¿cómo nos afectan? ¿dónde están? Intentemos pensarlos un poco y por qué no, también, criticarlos.

¿Qué es un algoritmo?

Cuando sentís que tu teléfono te escuchó, espió o, peor, que leyó tu pensamiento, ahí hay un algoritmo funcionando. Los algoritmos definen, de alguna manera, la información que consumís, el modo en que la consumís y el momento en que la consumís.

En realidad, en cada acción que hacés con tu dispositivo electrónico hay algoritmos funcionando. Nada pasa en el mundo de la computación sin este elemento fundamental. Son esa serie definida de pasos, ese conjunto de instrucciones que permiten al software llevar a cabo una tarea específica.

Los algoritmos se adaptan, transforman, están por todas partes. Son una de las razones de que las campañas de marketing digital sean cada vez más precisas y, por lo tanto, más exitosas.

Seguro escuchás a cada rato términos como el algoritmo de Google, algoritmo de Facebook o de Instagram. Todas las redes sociales definen a cada rato sus protocolos de posicionamiento, visibilización, sugerencias y recomendaciones. Nada de lo que te aparece en tu pantalla es arbitrario: la predicción del tiempo, las noticias, las ubicaciones en apps de mapas, etc.

La ventaja del algoritmo es que permite hallar una solución genérica a un problema determinado y puede ser reutilizado cada vez que necesitemos llegar a ese objetivo. Los algoritmos, quizás, más famosos de internet son los que hacen al motor de búsqueda de Google. Intentemos explicar un poco como funciona:

Nosotros, los usuarios, entramos a google para cubrir una necesidad. Es decir, entramos a Google con una clara intención de búsqueda. El buscador, entonces, interpreta esa intención, en ese contexto de búsqueda específico, y procede a devolvernos una lista de posibles respuestas que cubran nuestra necesidad.

¿Cómo hace esto? En primer lugar Google realiza a diario un profundo y preciso proceso de rastreo siguiendo el río de enlaces entre las páginas o urls. A medida que va rastreando va indexando esas páginas, es decir, las agrega al índice que conforma su inmensa base de datos. 

Ahora bien, dentro de ese índice, Google tiene miles y miles de páginas asociadas a un montón de palabras claves (keywords). Por lo tanto, cuando un usuario introduce en el buscador una palabra clave, Google acude a esa base de datos y empieza a procesar información. Entonces dice, en función de esta intención de búsqueda con esta palabra clave y en este contexto de búsqueda tengo asociados estos contenidos, estas urls o páginas.

Google interpreta todo eso para, después, proceder a clasificar, priorizar y mostrar. En cuestión de milésimas de segundo se da un enorme proceso de clasificación que define los resultados posibles, así como el orden en que van a aparecer ante el usuario. 

¿Qué quiere decir esto? que Google, de alguna manera, filtra la información (porque tiene que poder abordarla) y lo hace por relevancia. ¿Relevancia respecto a qué? respecto del contenido y la popularidad. Es más, son un montón de factores, relacionados con esos dos aspectos, los que determinan el posicionamiento.

Pero, además, hay otros filtros, que tienen que ver con el usuario. Estos son el historial de búsqueda, la geolocalización y el dispositivo. Cada usuario tiene sus propias intenciones de búsqueda, vive en un lugar determinado y accede al buscador con un dispositivo electrónico específico, está claro. Es en función de todo esto que sale x información en x orden de resultados. 

Pero, ¿quieren controlarnos?

En realidad, lo que pasa es que el volumen de información disponible es tan grande que no podría ser procesada sin la mediación de los algoritmos. Son la forma de obtener una respuesta de esa inmensidad de información, de otra forma inabarcable, en milésimas de segundos o, incluso, todavía en menos tiempo.

Cada algoritmo tiene sus reglas definidas y es en función de esas reglas que muestra la información al usuario. Ahora bien, ¿qué define el funcionamiento de los algoritmos? El consumo de los usuarios, sus intenciones. Como todo en la vida, también acá, es a prueba y error. El buscador te va a tirar lo que sabe que te interesa, lo que se ajusta a tu comportamiento como usuario.

Pero hay algo que se nos está escapando y que es lo más importante. El algoritmo de Google, o de donde sea, es el indexador, no el creador del contenido. El contenido es creado por los usuarios. Y si el contenido que prioriza el algoritmo es tal contenido en particular, entonces es porque los propios usuarios han marcado la pauta de que eso es lo que les importa.

De alguna manera, somos los responsables de que los algoritmos sean tan despóticos con nosotros mismos. Por esto mismo es que, cuando se trata, por ejemplo, de crear contenido para “ser conocido” en una red social, aunque parezca contradictorio, es mejor dar paso firme sobre el contenido y pensar de forma consciente cual es el mensaje que yo quiero dar. En lugar de salir corriendo a hablar de lo que es tendencia y de lo que todo el mundo quiere escuchar. 

Es un término fuerte, pero hoy la gente se prostituye por el algoritmo y, sin embargo, este igual no los beneficia. Porque al click inmediato va a responder la tendencia, eso que todo el mundo oye sin escuchar o mira sin ver. La clave es cuidar el mensaje, poner foco en eso, porque es el mensaje construído en el tiempo el que va a impactar de forma prolongada. Y lo va a hacer tanto en el usuario que te ve y te lee, como en los algoritmos.

Lectura recomendada: Natalia Denegri vs el algoritmo de Google

Más articulos

Últimas noticias