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7 diciembre, 2022 11:17am

El fenómeno de la polarización, ¿somos el alimento de las redes sociales?

Las redes sociales están en el centro del espacio público y son, a nivel mundial, el vehículo privilegiado de consumo de la información. Hoy, además, se encuentran inmersas en un amplio debate de pros y contras, donde destaca su discutido rol en el fenómeno de la polarización.

Si bien a diario escuchamos este término ligado a posturas político-partidistas radicalmente diferentes, en un sentido más bien general la polarización define y limita los modos y formas en que navegamos a lo largo y ancho del mundo digital.

¿De qué va el fenómeno de la polarización?

Se entiende por polarización a la alineación en posiciones extremas y contrapuestas, en función de una identificación ideológica, social, cultural o subjetiva. 

Mediado por la acción de los algoritmos, el consumo de contenido que hacemos cada uno de nosotros en las redes sociales está, de alguna manera, polarizado. En tanto a medida que navegamos, los algoritmos “nos tiran más de los que nos interesa”, siempre estamos siendo “bombardeados” por x contenido y desde x perspectiva. 

Se refuerza eso que hoy escuchamos como “cultura de la amplificación” 

Redes sociales, polarización y cultura de la amplificación: ¿cuáles son sus efectos?

El principal objetivo de los algoritmos es que interactuemos, que pasemos tiempo usando esa red social. Se alimentan de nuestros usos y comportamientos para perfeccionar nuestra experiencia de usuario. 

En ese sentido, promover la polarización es favorable para su fin último y, por lo tanto, manipulan el consumo del usuario de forma poderosamente persuasiva. En otras palabras, la intervención de los algoritmos aumenta las chances de que una persona adopte posiciones extremas respecto a un tema en particular.

Por ejemplo, cuando dos usuarios visualizan una misma publicación, los mensajes destacados que figuran no son los mismos para uno y el otro. Si lo que se busca es que cada uno de ellos reaccione, entonces lo que se muestra son aquellos comentarios que, de acuerdo a su interés y comportamiento, van a estimular más efectivamente tal reacción de su parte.

Todo eso repercute en la vida real, hay estudios al respecto. La polarización impulsada por los algoritmos de las redes sociales se traslada y afecta al desarrollo de las diversas discusiones en las que cada uno de nosotros, por uno u otro motivo, participamos a diario. 

Incluso, también, hoy se busca analizar y entender de qué maneras este silencioso fenómeno contribuye a producir imágenes estereotipadas, sesgadas y hasta falsas de la realidad.

¿Podemos contrarrestar esto?

Estando al tanto podemos, en parte, reconfigurar la circulación y distribución del contenido que consumimos en redes sociales. Diversificar y dinamizar la información que consumimos, además de cómo y dónde la consumimos. 

Cada plataforma tiene sus propios algoritmos, y estos también cambian constantemente. Lo fundamental, creo, es saber que nada de lo que nos aparece es casualidad o mera arbitrariedad.

Con mayor o menor intencionalidad, en todo momento hay algoritmos trabajando y estos, aunque poderosos, son creados por personas. Todas las personas, no es algo nuevo o propio del mundo digital, tienen intereses. 

Actuamos guiados por el interés. Y, cuando se trata de las redes sociales, ese interés no es el de cualquiera sino el de poderosas figuras y compañías que intervienen en la configuración de la realidad, tanto a nivel social como a nivel político, económico y hasta cultural. Nada es inocente.

Seguí leyendo: El fantasma del algoritmo.

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