domingo, enero 16, 2022
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Pedro Lemebel: literatura en los márgenes

¿Cómo comenzar una columna que pretende ser un pequeño homenaje a Pedro Lemebel? Fue un escritor chileno, fallecido en febrero de este año, caracterizado por su pluma filosa y crítica de la sociedad que lo rodeaba.

Con un claro posicionamiento gay, crítico y autorreflexivo, retrató a la sociedad chilena que lo oprimía, a través de sus siete libros de crónicas. Toda su vida estuvo atravesada por una gran actividad militante a partir del arte. Además de la escritura, formó junto con el artista español Francisco Casas un dúo artístico llamado “Las yeguas del Apocalipsis”, con el que realizaron un sin número de intervenciones públicas. Todas en lugares y fechas simbólicamente importantes, siempre con una actitud que lejos estaba de la timidez y la disculpa, frente a los grupos que vindicaban los cánones de la cultura popular chilena.

Frente a semejante figura, no es para menos que me pregunte cuál es la mejor manera de presentarlo ya que, escriba lo que escriba, me quedará un sabor a poco.

Podemos definir a Lemebel como un escritor que, desde el vamos, puso en primer plano a los sujetos sociales ignorados, a aquellas minorías raciales, sociales y sexuales sin voz ni voto, excluidas de la mirada pública. Es imposible, frente a una pluma exhibicionista y contestataria, ser indiferente. También es desafiante como lectores enfrentarnos a sus crónicas.

Entonces, ¿cómo leer a Pedro Lemebel? Quizás la metáfora del ojo de “Un perro andaluz”, del corto del director español Luis Buñuel, sea la que mejor nos quepa: “cortarnos” la pupila corriente con la que filtramos la realidad para abrirnos a un nuevo discurso que no pretende mostrar precisamente lo políticamente correcto. Así, podremos ver “con otros ojos” esa realidad que se nos muestra cruda y que contradice los principios heteronormativos que adoptamos como naturales. Y para eso hay que estar preparado, hay que correrse de lugar y guardar, aunque tan sólo sea un rato, ese lector canónico que todos llevamos dentro.

En las próximas columnas, haremos un recorrido por sus libros de crónicas. Trataremos de seguir a su ojo-pluma que, con su prosa ácida y corrosiva, nos lleva a recorrer la geografía chilena de los márgenes. No tendremos más escapatoria que tomar una posición: sus crónicas incomodan, interpelan y cuestionan.

Imposible no sentirse demandado. La lectura de sus textos nos devuelve nuestra propia mirada, nuestros propios prejuicios y discursos, y no queda otra que mirarse y reflexionar, criticar y posicionarse. Hacia allá vamos.

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