domingo, enero 16, 2022
InicioCulturaZanjón de la aguada: literatura a la ribera de la periferia

Zanjón de la aguada: literatura a la ribera de la periferia

Con esta quinta columna sobre Pedro Lemebel, llegamos al cierre de este humilde homenaje y así el espacio se renueva para darle lugar a otras nuevas lecturas. Porque ese siempre fue el objetivo central de estas columnas: mostrar el abanico de sus narraciones y que sus lecturas queden haciendo eco en las reflexiones de cada lector.

Para el final, tenía que aparecer Zanjón de la Aguada, el libro que más se cuela en la intimidad de Lemebel. Libro dedicado a su madre, “para ti mamá, estos tardíos pétalos”, que pretende, con esa pluma filosa que ya conocemos, trazar una cartografía del barrio que lo vio crecer. Un barrio que se construyó a la ribera de un canal que lleva su mismo nombre, el zanjón de la aguada, y que el paso del tiempo convirtió en una zona marginal. Lemebel escribe en base a una escenografía de casas de chapa y monoblocks y cuenta, a través de varias de sus crónicas, la vida en ese barrio pobre y periférico santiaguino en el que empezó a escribir. Podría pensarse a este libro como un homenaje a ese lugar de origen que lo acompañó, ya que toda la primera parte está dedicada al barrio y a su niñez, a ese espacio que representa el comienzo de su despertar discursivo: “pinté mi primera crónica con los colores del barro que arremolinaba la leche turbia de aquel Zanjón”.

A su vez, esas crónicas que traen a la memoria los baldíos de su niñez, ponen nuevamente en el foco de la atención, esa otra versión de la vida en los barrios periféricos. Nuevamente, aparece su pluma reivindicadora de los sectores marginados. Porque el Zanjón de la Aguada siempre fue título de noticias delictivas y acá nos encontramos con esa otra mirada que interpela a la versión oficial. Entonces conocemos a un barrio con códigos propios que intenta sobrevivir a pesar de la pobreza y que convive con los allanamientos policiales que son moneda corriente en los barrios en que la desigualdad social se robó el beneficio de dudar de su inocencia.

Zanjón de la Aguada cuenta con cincuenta crónicas, divididas en siete series que incluye una exclusiva de fotos. Con esa serie reafirmamos la idea de crónica como estampa, como fotografía de una historia en particular que el cronista quiere contar. Entonces tenemos las fotografías hechas a partir de su ojo-pluma y la serie de fotografías sacadas con el ojo de la cámara.

Y así, con la lectura de cada crónica, comenzamos recorriendo el barrio que rememora su niñez para luego seguir paseando por la ciudad de Santiago, recordando viejas historias pero también afianzando las de los jóvenes y mujeres que hoy, en este presente que está más vivo que nunca, luchan y sueñan por un mejor país, por “un largo país, como un gran pañuelo de alba cordillera para enjugarle al ayer la impunidad de sus lágrimas”.

Leer a Pedro Lemebel nos hace bien. No sólo porque sus palabras te transportan a los lugares y situaciones que describe con admirable precisión sino porque su literatura es reveladora. Reveladora de un mundo -este mundo- diverso y mestizo que reconoce esa hibridez como parte de su identidad y que no está dispuesta a negociar su heterogeneidad.

Qué fortuna que haya pasado por este mundo una persona como Lemebel y que en su enorme generosidad nos haya dejado su literatura.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Recent Comments